Carta de Carolina de la Calle a Alicia de Larrocha explicando sus principios

Barcelona, 16 de abril de 1934

A mi idolatrada sobrinita Alicia de Larrocha de La Calle

¿Por qué eres música?

Podrían faltar tus padres, podría faltar yo, antes de que los años te hicieran comprender por qué eres música y cuales han sido las circunstancias que te han hecho uno de los elegidos en el divino Arte.

Por eso, al dedicarte este álbum (en el que voy coleccionando los ecos de tus éxitos desde que empezaste a dar los primeros pasos en tu carrera artística) quiero hacer constar cómo se descubrieron y encauzaron tus admirables dotes musicales.

Cuando naciste vivían tus padres en Barcelona (Cataluña) en la calle de Córcega 263-bis, piso 4º. Tus padres, Eduardo y Teresa tenían otras dos niñas, Mª Teresa y Mª Berta. En la casa contigua a la vuestra vivían tu abuela materna, Joaquina, y las hermanas de tu madre, Isabel y Carolina (yo misma). Tu madre y tu tía Carolina habían seguido la carrera de la música cursando sus estudios con el malogrado maestro Enrique Granados y al morir éste, los continuaron con el que hoy es tu maestro, Frank Marshall.

A los pocos meses de nacida, empezaste a demostrar tus aptitudes; el piano fue siempre tu juguete y en él te pasabas grandes ratos buscando y combinando sonidos con tus manitas. Mucho antes de que empezaras a hablar, sabías ya el nombre de las notas de la escala y antes de cumplir los dos años, vuelta de espaldas al piano, adivinabas todas las notas que íbamos tocando.

En aquella época fue cuando iba a venir al mundo tu hermano Ramón y tu madre, que se hallaba en grave estado, fue llevada a casa de su tía y madrina (hermana de tu abuelo materno), Carolina de la Calle (que no soy yo, pero nos llamamos igual), para mejor atenderla y allí, después de un mes, nació tu hermanito menor. Este fue el momento en que Dios quiso que te revelases. Todo el tiempo que tu madre estuvo fuera de casa, tus hermanitas y tú estuvisteis en casa de vuestra abuela; yo daba lecciones de piano a la que estabas tu siempre presente, llorando cuando no te dejábamos estar: sentada en mi falda ibas siguiendo, con marcado interés toda la clase y un día que una alumna estaba tocando “La primavera” de Grieg, al levantarse ésta del piano cuando terminó, te sentaste tú y con las dos manos tocaste perfectamente los tres primeros compases. Tu entusiasmo por la música era grande. Tendrías escasamente tres años cuando asististe a un concierto que dieron los hermanos Corma en la Academia Marshall. Con gran atención escuchaste todas las obras marcando el compás con el pié y, al terminar, dijiste – Yo también quiero dar conciertos.- Creí ver en ti algo extraordinario y te llevé al Maestro Marshall (de cuya academia era yo profesora). Éste te sometió a una porción de pruebas que todas dieron resultado satisfactorio, declarando el Maestro que veía en ti un temperamento extraordinario y una gran musicalidad. Entonces le pedí si quería encargarse de tu educación musical (por tener el convencimiento de que él era el único capaz de poder hacer de ti una artista) empezando en seguida a darte clase con verdadero entusiasmo y haciendo en seguida grandes progresos.

A los cuatro años te presentaste por primera vez en público en la sala de audiciones de la Academia Marshall, obteniendo un gran éxito y coincidiendo unánimemente todos los críticos, en que en ti había un caso extraordinario de los que raras veces aparecen en el Arte Musical.

Desde entonces, todas cuantas veces te has presentado en público, en diferentes sitios, ha constituido un verdadero éxito, coincidiendo también los músicos más eminentes en ver en ti una musicalidad y un temperamento excepcional.

Una de las cualidades que más aprecian en ti es la de la improvisación, haciendo variaciones e improvisaciones acertadísimas al piano, sobre un tema dado.

Todo lo dicho te hará comprender porqué te has dedicado al sublime y dificilísimo Arte de la Música y quiero que sepas, si algún día llegas a ser en él uno de los pocos escogidos, que se lo debes a Dios que tan extraordinariamente te ha dotado, a tus padres que te dieron el ser y a tu Maestro que con tanto amor y tanto desinterés cuida de tu educación musical.

Tu tía,
Carolina de la Calle y Montforte
 

 

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